Los orígenes de la asociación

Desde su nacimiento empecé a cargar a mi hijo; hacia los cinco meses quise cargarlo en la espalda. Como no lograba hacerlo, busqué un taller de porteo y encontré una asociación que los proponía cerca de mi casa. Una vez vez ahí, lo que vi fue catastrófico : una de las dos personas que animaban el taller sabía de porteo menos que yo, enseñaba nudos mal hechos y potencialmente peligrosos para los padres, haciéndoles instalar al bebé chueco. Que además se cobrara por un taller de tan mala calidad acabo de espantarme.

Me decidí entonces a seguir una formación con Peau à Peau para ser monitora de porteo y escogí proponer únicamente cursos gratis, sabiendo que los padres con dinero encontrarían reuniones con mis colegas que se habían formado al mismo tiempo que yo. Me parecía importante que todo padre, incluso con recursos modestos, pudiera aprender el porteo adecuado de su hijo.

Pude conocer padres en las PMI ( protección maternal e infantil) para los que hasta comprar un fular era una inversión fuera de costo. Eso me preocupaba. Un día me encontré con una joven mamá, C., en una “casa verde” a la que iba a menudo para jugar con mi hijo. Ese encuentro fue decisivo para mi.

C. era una mujer recién llegada de India, donde había dejado a su marido que la golpeaba desde el nacimiento de su bebé. Vivía en una situación muy precaria con su pequeña de 10 meses. La bebé , muy afectada, pedía un contacto permanente con su madre la cual trataba de satisfacerla cargándola con un fular, pero ésto le era muy duro ya que sufría de una vieja herida en la espalda.

Invité a C. a mi casa para que juntas, encontráramos una manera de anudar el fular o reglajes para aliviarla. Nada parecía mejorar sus sensaciones. Les hice probar un portabebés ergonómico y entonces ¡milagro!, C. no sufría. Después de un préstamo que le permitió confirmar que con aquel portabebés podía practicar un porteo casi a voluntad de su pequeña, le ofrecí un modelo recibido de parte de una fabricante americana en agradecimiento por una traducción. Ese portabebé las acompañó en su largo camino para ir adelante, reconfortó y apaciguó a una bebé que necesitaba ser reconfortada y sentirse en seguridad.

Estaba a la vez feliz por ellas e inquieta porque sabía que que existían muchas situaciones en las que un portabebés podía cambiarlo todo.

Así fue como la idea de la asociación Le Monde à Ma Hauteur empezó a nacer… ¡Y ustedes ya conocen lo que pasó después!

Marianne

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